¿Adónde volveré mis ojos, oh Señor, para implorar tu ayuda?
¿De quién si no de ti socorro me vendrá en horas de aflicción?
En sombra o en luz encuentro la quietud si oro me sustentas.
En paz o en aflicción la mano de Jesús me da seguridad.
Coro
Dame tu mano, toma la mía, oh Dios amado.
Cuando estoy débil me hace más fuerte tu poder.
Tu compañía y tu calor, divina mano,
Me lleva al cielo donde algún día le veré.
Grandeza y poder, fama y celebridad anhelaba mi alma,
Tratando de alcanzar lo que podía alcanzar como supremo ideal.
Pero al mirarte a ti de pronto comprendí que estaba equivocado,
y un mundo descubrí de amor y de verdad en tu evangelio santo.
