Confieso ahora de mi vida ciega,
donde vivía sin fe, sin luz ni amor.
Ni una esperanza mi corazón hallaba,
ni medicina para mi cruel dolor.
Coro
Hoy soy feliz, sí, muy feliz,
al ser vestido de su gracia soy feliz.
He pasado de muerte a eterna vida,
a una vida sin fin de gozo y paz.
Perdido andaba yo sin rumbo fijo,
hasta que un día reconocí la cruz,
donde murió el eterno amado Hijo,
Santo Cordero que nos trajo la luz.
Solo en la fuente que salta para vida
puede saciar su sed el pecador,
y luego ríos cristalinos de agua viva
correrán de su vientre sin fin.
Ven pecador, ven, no te detengas,
que esa fuente es la sangre de Jesús,
donde las almas cautivas han hallado
un camino de amor, de vida y luz.

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