Ascenderán y al cielo llegarán
los escogidos de un pueblo santo.
Y arribarán alboreando un nuevo día,
con alegría en su corazón.
Se abrirán las puertas de los cielos
para dar entrada al ejército triunfal.
Y llegarán cantando un nuevo himno,
cuyo principio el Cordero lo dará.
Coro
Salvación hizo Dios con su Hijo;
su sangre derramó.
Bendición, acción de gracias, fortaleza y poder,
su sangre me salvó.
Será glorioso en medio de los ancianos,
magnificado entre su pueblo.
Y vestiráse de gloria y de luz
e irá adelante del escuadrón.
Y marcharemos en las alas del viento,
acompañados del cortejo celestial.
Y ostentaremos con palmas de victoria
de todo pueblo y naciones ante Dios.
Consolará la tristeza de su pueblo,
huirá el llanto con el gemido,
descubriráse el arca de la alianza
y extenderá su pabellón.
Pastoreará en las fuentes de aguas vivas,
reverdecidos con toda bendición.
Y viviremos por todas las edades,
cual pensamiento los milenios pasarán.
Al elevar mi vista hacia los cielos,
como un relámpago se desvanece.
Allí contemplo al trono del anciano
y a su diestra a mi Jesús.
Y en sus manos teniendo un nuevo libro,
allí mi nombre él escribió.
Entonces clamo llorando como un niño:
¡Misericordia, que soy hombre pecador!

Deja una respuesta