Era un campo de desechos donde fui a dar,
en el montón de lo que el mundo fue a tirar,
sin valor, abandonado de desprecios, bien manchado,
un vaso de barro estaba quebrado, su parte no pudo guardar.
Y en esa ruina él vino a hallarme,
un vaso nuevo quería formarme.
Mi orgullo quebrado lo hice a un lado
y le dije así al sentir su amor:
//Alfarero, moldéame, quiero ser yo como usted,
quiero de su bendición; un vaso lleno de su unción.
Alfarero, quiébrame, aún más de lo que esté,
hágame nuevo para entrar en su mansión.//

Deja una respuesta