Alzo mis ojos al soberano.
Buscando alivio para mi mal;
Y si el benigno me da su mano,
No tendrá fuerzas el vendaval.
Cuando abrumado me he sentido,
Sin esperanza por el dolor;
Mi Dios amante me ha socorrido
Y demostrado su grande amor.
Y cada día que voy pasando,
más de su gracia llego a alcanzar;
Pues si El me mira que estoy flaqueando
Su pronta ayuda me viene a dar.
Ya no me espantan las muchas penas,
Que del maligno puedo sufrir;
Pues estas luchas las creo buenas.
Y por mi Cristo sabré vivir.

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