Acaso ignoras aquel momento
cuando allá en el Getsemaní
alzó su vista al firmamento
y oraba al Padre por ti y por mí.
Acaso ignoras aquel momento
cuando imploraba tu salvación.
Pedía el sostén para aquel momento
envió a los cielos dulce oración.
Aquella noche el Señor velaba
para enseñar a la humanidad
que Él era el Cristo que se esperaba
y a cumplir vino la fiel verdad.
Aquella noche el Señor velaba
para vestirnos de su humildad,
para ofrecernos constante gloria
y hacernos hijos de santidad.
Aquellas manos que sólo hicieron
el bien por siempre en santidad
fueron clavadas en un madero
para salvar a la humanidad.
Mira su rostro ya ensangrentado
y su mirada hacia el Creador.
¡Venció la muerte! ¡Llevó el pecado!
Venció por siempre al tentador.
También clavaron sus pies hermosos
con gruesos clavos sin compasión.
Oye los golpes, son dolorosos.
¿Que no conmueve tu corazón?
Mira el costado que mana sangre,
todo su cuerpo ultrajado está.
Hoy dale tu alma, no seas cobarde,
pues él llamándote siempre está.

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