El mundo es un desierto,
que agua para el alma
no puede producir.
Y en ese desierto
mi alma transitaba
muriéndose de sed.
Coro
El agua cristalina,
el agua que me diste,
Jesús, yo la tomé;
y desde ese momento,
has transformado mi alma
y ahora soy feliz.
Se ha calmado el ansia
y deseos del mundo,
ya sed nunca tendrá;
mi alma está bebiendo
del agua de la vida
y el agua es mi Jesús.
Ahora solo veo
la gloria allá en el cielo,
donde voy a vivir,
morando con mi Cristo,
el agua de la vida
que me pudo salvar.

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