En la orilla de la muerte me encontraba
sin Dios, sin perdón, sin esperanza,
esperando mi fin en este mundo,
sin tener perdón para mi alma.
Coro
Mas por eso vino Cristo el Salvador,
a buscar y a salvar a los perdidos.
Y en eso se encontraba ya mi vida.
Mas por gracia me alcanzó Cristo Jesús.
Caminé por el mundo sin consuelo,
sin querer aceptar que había un Dios.
Y hundido en mi orgullo cada día,
sin querer reconocer yo mi maldad.
Ya mi alma vive alegre con mi Cristo,
dando gracias a Él, ¡Qué grande es Dios!
Me libró de mis enfermedades
y esperanza a mi alma Él le dio.
Tú que escuchas, pecador, que no has querido
aceptar a ese Cristo de poder.
Piensa bien a dónde irá tu alma
y a dónde pasarás la eternidad.

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