En Las Penas De Mi Alma

En las penas de mi alma nadie pudo mediar,
cuando andaba en tinieblas, agobiado y sin paz.
Vagabundo me hallé, miserable de mí;
me embargaba el temor y deseaba morir.

Coro
Pero un día que Cristo al oído me habló:
“Hijo mío, no temas, mírame a mí.
Mira mis manos, heridas están,
mira mi costado traspasado por ti.”

El corazón perdido en mi negro pecar
no encontraba consuelo en mi amargo sufrir.
Angustiado me vi, sin amigos y sin fe,
y sin Dios yo vagué y ansiaba morir.

Yo acepté el sacrificio de mi amado Jesús
y en su sangre lavé mis pecados de ayer.
Ahora voy por el mundo predicando de su amor
y anunciando el perdón por su muerte en la cruz.

Si tú quieres venir a los pies del Señor,
en la Biblia podrás escuchar esa voz:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida;
nadie viene al Padre si no fuere por mí.”

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