La Biblia surca los tiempos, las edades,
y en su afán dice lo que ha de suceder.
Qué maravilla que Dios haya sellado
en un tan sólo libro su ciencia y verdad.
En la agonía de un mundo que perece,
la Biblia prevalece como un faro de luz;
vislumbra vida, esperanza y salvación.
Para el sediento es la fuente del saber.
Para mi alma la Biblia es el espejo,
y en ella me reflejo como un hijo de Dios.
Para la iglesia la Biblia es el escudo,
también es la bandera de la patria celestial.

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