Mi Rey De Paz

¡Mi buen Jesús! Con gran amor mi alma te canta,
de gratitud de haber hallado en ti el perdón.
Cuando en el mundo, en aflicción mi triste vida,
ya desahuciada sin un consuelo en mi existir,
muy cariñoso a mi oído así me habló:
“Ven a mis brazos, yo te daré la dulce paz.”
Como un reflejo lleno de luz, sus ojos santos,
lleno de amor mi corazón volvió a latir.

Coro:
¡Glorioso amor del Príncipe de paz!
Amor que no lo puedo contener.
El resto de mi vida cantaré:
//Un cántico inspirado al Rey Jesús mi amado
por ese tan glorioso amor.//

Oh, cuán hermosa y dulce voz oí llamarme,
que fue embriagado en ese instante todo mi ser.
Fue transformado mi llanto en canto y le adoré;
con toda mi alma yo le entregué mi corazón.
Un cielo azul lleno de luz, lleno de vida,
y muchas almas glorificaban su nombre ahí.
Yo me acerqué y alcancé su manto santo,
y de mi azote en ese instante me libertó.

Mi ser temblaba sintiendo la dulce presencia
de mi Jesús, que con amor a mí tocó.
Y de rodillas caí a sus pies, perdón me dio.
¡Mi Jesucristo me dio su mano y me levantó!
Su nombre alabo y le prometo seguirle fiel.
Quiero contarle a todo el mundo quién es Jesús:
el Principado, el Poderoso, el Admirable,
mi Consejero, mi Dios eterno, mi Rey de paz.

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