Te alabo, Padre, Señor del cielo,
que misericordia tuviste de mí,
que me sacaste del mundo perdido,
y ahora me llevas a donde estás Tú.
Coro
Esfuérzate, hermano, y sé valiente,
luchad con paciencia, pero sin dudar;
que ni por hambre, ni por desnudez,
ni por cuchillo piensas desmayar.
Cuando estemos allá reunidos,
en bodas en el aire con Cristo el Señor,
estaremos alegres cantando aleluya,
no habrá tristeza, no habrá más dolor.

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