Cuando Daniel fue echado al pozo de los leones,
un ángel de los cielos le vino a rescatar.
De pronto le libertó de una dura prueba,
quitó la amarga copa que había de tomar.
Coro
Venid, venid, loemos a Jehová.
Debemos ser testigos para anunciar la luz,
que su Hijo Jesucristo muy pronto volverá,
a recoger los frutos comprados en la cruz.
El rey desesperado del hecho tan fatal,
de todas diversiones privóse en general.
Aun sus alimentos rehúsa de tomar,
el sueño se le quita, su vida es ansiedad.
Al despertar el alba, el rey al foso va.
Al mártir le pregunta si le libró Jehová.
Daniel, lleno de gozo, contestación le da:
la boca de los leones un ángel la cerró.

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