Te fuiste, hermano, te fuiste a las mansiones,
volaste al fin al trono del Señor.
// Sufriste aquí tan crueles aguijones;
sufriste aquí la espina del dolor. //
Yo quiero, hermano, hasta la tumba acompañarte.
Soy peregrino que voy de Cristo en pos.
// Muy pronto espero en el cielo encontrarte,
en las moradas eternas del gran Dios. //
Después del trance aquí en este suelo,
en esta vida de peregrinación,
// confianza tengo que juntos en el cielo
habitaremos en la eterna mansión. //
Adiós, hermanos, al fin llegó la hora
de separarnos con profundo dolor.
// Si el cuerpo muerto queda en la tumba,
nuestra alma volará con el Señor. //

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